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lunes, 27 de octubre de 2014

Sobre Dos Disparos

Dos Disparos (Martín Rejtman, 2014)

ahora bien, qué es el arte
sino aquello por lo cual
las formas devienen estilo
y qué es el estilo
sino el hombre
- Jean-Luc Godard

Chico que se pega dos tiros.

La última película de Martin Rejtman comienza con una serie de acciones que piden ser vistas desde lo fenomenológico. Un chico baila en un boliche, vuelve a su casa en colectivo, nada en su pileta, corta el pasto, la máquina se rompe, intenta arreglarla, encuentra un arma, sube a la habitación, apunta el arma a su cabeza, dispara, apunta a su estómago, dispara. El chico sobrevive. La primera bala lo ha rozado, la segunda todavía está dentro de su cuerpo. Por todo esto, todo lo que viene después es la continuación de la vida de este chico. A esta altura la película, a pesar de sus esfuerzos de segmentar y tecnificar las formas y modos de vida de los personajes, sigue siendo la película de este chico. El chico que llegó a un estado tal (un estado posible y con repercusión) de su consciencia que no dudó en pegarse un balazo apuntando hacia su cerebro. Es la película del chico que al ver fallar  (y probablemente sentir un horrible dolor en el exterior de su cabeza) el tecnicismo del revólver decide ponerlo en su estómago para volver a efectuar el mismo acto: apretar nuevamente el gatillo para que la bala entre a su cuerpo abriéndose paso entre sus órganos vitales y así, posiblemente, suicidarse. También, casi en paralelo, Dos Disparos comienza a ser la película de la madre del chico, una abogada que comienza a esconder los objetos punzantes de la casa, a punto tal que decide enterrarlos y clausurar su cocina. Esa madre es la misma que posiblemente haya comprado el revólver, y la misma que más adelante duerme, sin darse cuenta, 72 horas seguidas sin despertar bajo el efecto de pastillas.

Pero Dos Disparos es predominantemente, luego nos enteramos, la película de los objetos que se mueven en un tablero de juegos, donde la arbitrariedad que se logra (porque es buscada) se encarga de vaciar poco a poco el fuera de campo de los mismos. Cuando hablamos de objetos también hablamos de personajes, porque en Dos Disparos los personajes también son objetos y aparentan mecanismos de imitación, de repetición y de ejercicio de costumbres.

Objeto del cual puede salir disparada una o varias balas.

Es en ese predominio donde termina de decantar lo que la película es verdaderamente. El mundo como lugar vaciado de carga dramática funciona como territorio donde las acciones sólo tienen su dimensión fenomenológica. Los actos suceden y son perpetrados por seres actantes, que cumplen determinadas funciones que luego se van combinando e intercambiando entre sí, como si la película fuera un cadáver exquisito donde cada elemento que se continúa conserva un remanente de lo visto anteriormente y vuelve a ponerse en juego con alguna variación dentro del tablero. De esta manera, Dos Disparos pone en su centro y en el mayor punto de jerarquía a ese concepto al que muchos llaman "la forma". Los fenómenos que se registran son puestos en escena en tanto y en cuanto proponen una forma determinada de ser filmados.

Dos objetos tienen un principal protagonismo (compartido): el teléfono celular y el revólver. Ambos dejan de ser lo que alguna vez fueron para ser artefactos cuyo funcionamiento es defectuoso, pero al mismo tiempo son pequeños puentes de transición y se transportan a lo largo de toda la película. El revólver y el celular pasan de ser lo que un revolver y un celular pueden tener como tensión en aquel mundo a ser aparatos que ejecutan funciones, como disparar balas de fuego a mucha velocidad, establecer comunicaciones entre personas a distancia, entre otras cosas. La mayor responsabilidad de esto posiblemente la tengan los personajes, cuyos recorridos y acciones se reducen poco a poco a recorridos de clase social, a acciones de clase social, en definitiva anulan su espíritu en pos de su individualidad teórica sociológica. Y esa individualidad encuentra su correlato en la relación con los objetos: los seres, en tanto actantes, actúan sobre los objetos apelando a su sentido práctico. La película se convierte entonces en un juego exclusivamente lingüístico y las formas tienen como fin último devenir en formas evidentes.

Disposición de automóviles que facilita el transpaso de un objeto entre sus conductores
sin que dicho objeto sea visto por personas que puedan estar mirando.

Así como nos referimos a un mundo que se vacía de carga dramática, también debemos hacerlo a un mundo que se vacía de humor. El mundo que propone Rejtman carece de humor. El humor es algo que sólo puede desprenderse del privilegio de la sala de cine. Un teléfono olvidado y reemplazado por un inalámbrico es sólamente motivo de la consciencia del error, sólo afuera es admisible la risa, tanto en el territorio de la consciencia de las operaciones formales como en la certeza (qué suerte) que tenemos los espectadores de no ser parte de ese vacío dramático. Así es como proceden también algunos otros momentos críticos: La madre duerme 72 horas seguidas, y para eso se monta una serie de elipsis que generan un gag por la acumulación de planos y su progresión (que aparenta ser el fin último de la escena, haya o no una madre allí durmiendo). En un momento anterior de la película la madre culmina otra progresión con un plano detalle de una pala entrando a la tierra, produciendo otro pequeño momento de humor.

Ante la justa inquietud de buscar trazos de sentido a lo largo de una posible pelicula (¿sobre la muerte?), Dos Disparos responde enterrando lo que en un principio evidencia una profunda sordidez para reemplazarlo (con hábiles dedos) por una superficie de mecanismos perfectos, toda una tesis sobre los movimientos del vacío. El chico que se dispara en la cabeza porque tiene calor (tal vez, y en este momento no se me ocurre un hecho de mayor sordidez), hace lo que hace porque en ese momento no se le ocurre que puede pintar las paredes de color negro (tal vez, y en este momento no se me ocurre un hecho de mayor arbitrariedad). Cada elemento tiene un par que nivela al mundo en una planicie. Parece que para Rejtman todas las respuestas están en el ejercicio habilidoso del vacío (o son el vacío), y quizás el Mundo haya dejado de existir, sin un posible control del universo. Sobre la muerte y otras inquietudes (para los que todavía creemos que es posible vivir), afortunadamente todavía existen algunas formas que conducen al hombre.

Gag por corte de plano a plano.

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