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miércoles, 24 de agosto de 2016

Cine y karaoke


O algunas maneras de apropiarse de lo que no es de uno

23/08/2016

Sobre Linda linda linda (2005) y La La La at Rock Bottom (2015) de Nobuhiro Yamashita.

Me voy a referir a dos películas, una nueva y otra que ya tiene al menos una década (y que ya se ganó el status de culto), ambas del director japonés Nobuhiro Yamashita. Lo que tienen en común sale rápidamente a la vista. En las dos la música es el fin último. A diferencia de las películas de bandas de rock establecidas en géneros, no se requiere de ningun giro dramático posterior ni de ningún aditivo narrativo para el cierre de estas películas. Cuando termina la canción final sólo hay espacio para proceder a los créditos de cierre. En otras palabras, en estos casos, la ejecución de la música es un fin en sí mismo, y no un medio para algo que se narre a posteriori. Esto, que en apariencia puede parecer gesto esquivo, está muy lejos de una pretensión vacía. Tanto Linda Linda Linda como La La La at Rock Bottom necesitan cerrar sus tramas dentro de un espectáculo que contiene todas las resoluciones. Lo que sucede en la ejecución pasa a ser una conjunción de acciones y percepciones, donde todos los personajes de la película se involucran de una manera.


Estoy usando la palabra ejecución porque hablar de música en estas películas nada tiene que ver con la composición, ni mucho menos con la grabación. Lo que se toca siempre es ajeno, y es en esa falta de propiedad donde se termina acentuando lo que se ejecuta. Puede tomarse precisamente en estos casos el funcionamiento del karaoke, siendo acá un concepto que habría que ampliar a otras formas. Tendríamos que concebirlo más directamente como la interpretación de algo que no es propio, y que hasta cierto punto está degradado. En el karaoke una banda musical puede ser reemplazada satisfactoriamente por un archivo Midi, y el cambio puede no representar ningún problema, ya que el centro de la cuestión está en cómo el cantante toma eso como base para hacer su interpretación de la canción.


En el caso de Linda Linda Linda, podemos detectar una gran serie de versiones de lo ajeno. La banda que arman las compañeras para la presentación en el festival escolar elige tocar 3 covers (primer alejamiento). Estas canciones son de Blue Hearts, una banda japonesa de los 80s que tiene su nombre en inglés y que tiene fuertes reminicencias de los Ramones (segundo alejamiento). La canción de Blue Hearts que lleva el nombre de la película tiene su estribillo en español (evidentemente) y su letra es claramente un hombre que le canta a una mujer, algo que se suma al hecho fundamental de que la cantante de la banda del film  primero que es mujer, y segundo ni siquiera es japonesa sino surcoreana (la única estudiante de intercambio de toda la escuela). ¿Por qué menciono todo esto? Cada uno de estos elementos va a ser fundamental para la fina construcción de sentido que esta película arma para el momento en el cual asistiremos a la ejecución de la canción y al canto de su letra con la voz de Bae Doo-na, cuyo personaje no sabe casi nada de japonés, con lo cual su canto es una imitación fonética.


Despejados todos estos elementos que distancian cada vez más a los personajes de su objeto, sólo queda una cosa limpia, que es todo lo que estos personajes tendrán que depositar en la ejecución. Si prestamos atención a la secuencia final de Linda Linda Linda, durante la primera mitad de la canción la puesta se encarga de mirar cómo se relacionan con la propia canción, con los volúmenes e intensidades, y con la necesidad de que la expresión tome forma ante el público en general. La segunda mitad construye casi sistemáticamente pares de planos entre las chicas de la banda y los personajes con los que cada una entabló relación o conflicto. De esa manera, lo que queda del momento anterior (la intensidad y voluntad) continúa vivo, convirtiéndose en aquello que cada una entrega hacia aquel otro. De ahí la nula necesidad de continuar la línea de relato. Es como si los personajes ya hubiesen visto todo lo que ellas tienen para dar. Todo lo que ocurra después es tal vez una pregunta cuya respuesta esta impregnada de la fe que nos propician estos personajes que están entregando en el escenario su más pura verdad. Una verdad a la que se llegó a través de una materia absolutamente ajena y casi descartable. En síntesis, algo que es sólo posible si aquella música tiene un encuentro con el cine y todo lo que este tiene para construir esa experiencia vital.


Es por eso que también es importante para Yamashita no mostrar nunca a la canción completa antes del gran final. Ninguna de las canciones está completa, salvo el final de uno de los temas que finalmente no vemos interpretar en el cierre. Pero lo que sí vemos y con mucho detenimiento y precisión, son los momentos en los que los ensayos impregnan el contexto relacional y social de los personajes. Philip Brophy (Film comment, 2007) dice, por ejemplo, que las chicas de esta película se "convierten en canción". Es una afirmación bastante acertada si pensamos que todo lo anterior son los borradores fílmicos de la perfecta ejecución final, que une música, ritmo y personajes como una cosa inseparable.


La La La at Rock Bottom trata de llegar a un lugar similar con una trama un tanto más compleja, pero en escencia, lo que finalmente sale a la luz es la capacidad de cantar de Shigeo y todo lo que eso trae consigo. El límite es acá más definido. Shigeo descubre a través de su pérdida de memoria que existe en su interior una voz cantante, completamente tapada por un contexto de violencia y dolor (del cual él mismo parece ser responsable). Las situaciones de preparación y ensayo (donde al igual que en el anterior film las salas de karaoke y las versiones incompletas vuelven a ser protagonistas) muestran un cierto espíritu en la voz de Shigeo que peligra en perderse si llega a recordar su pasado. Finalmente se formula una interesante pregunta, también en forma de canto, sobre la definición de identidad, siendo su materia de trabajo una multitudinaria banda con aires de pop latino.


Estas películas de Yamashita, como el karaoke, no juzgan la integridad artística del material del cual se apropian, porque saben que en el proceso de apropiación es donde se va a dar el alto vuelo. Quizás represente una forma de cine popular (aunque estos sean casos más cercanos al indie) donde el elemento central son las formas que tienen las clases medias japonesas de relacionarse con distintas expresiones y generar cultura. Algo que también puede verse en otras dos comedias de otro director, Shinobu Yaguchi, Waterboys (2001) y Swing Girls (2004), que en un tono más cercano a lo que podrían ser los hermanos Farelly, ambas películas se centran en personajes que se ven obligados a ejecutar un espectáculo que les es totalmente ajeno. Así, distintos elementos que se van concatenando en Linda Linda Linda pueden llegar a entendimientos mayores, como por ejemplo, poder afimar que la película también cuenta la historia de una extranjera que se recibe de japonesa cantando, y una posible pregunta posterior: la de, entonces, qué es ser japonés.

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