Etiquetas

2015 (1) 2016 (7) 2017 (34) 2018 (20) A Sala Llena (10) Abel Ferrara (1) Adrián Caetano (1) Alfred Hitchcock (1) Anahí Berneri (1) Armando Iannucci (1) BAFICI (8) Bong Joon-Ho (5) Brian de Palma (5) BSO (Banda sonora original) (13) Cine argentino (11) Cine asiático (21) Cine clásico (5) Cine de terror (25) Cine nostálgico (8) Clase B (5) Clint Eastwood (5) Comedia (6) Corea del Sur (14) Cursos (2) Curtis Hanson (1) Damián Szifrón (2) David Fincher (1) David Lynch (1) Diálogos (3) Dibujos (2) Documental (1) Dossier (3) Edgar Ulmer (1) Eli Roth (1) Exploitation (4) Fede Álvarez (2) Festival de Mar del Plata (9) Francis Ford Coppola (1) Fritz Lang (1) George A. Romero (3) Greg Mottola (1) Grupo Kane (1) Guillermo Del Toro (1) Hong Sang-soo (6) Howard Hawks (1) James Benning (3) James Cameron (3) Jean-Luc Godard (3) Jia Zhangke (1) Joe Dante (2) Johann Lurf (1) John Carpenter (6) John Ford (1) John Krasinski (1) John McTiernan (1) John Wayne (1) Jordan Peele (2) José Celestino Campusano (1) Judd Apatow (1) Kathryn Bigelow (1) Kelly Reichardt (1) La vida útil (revista de cine) (1) Las Pistas (revista de cine) (3) Lee Chang-dong (1) Literatura (1) Lucrecia Martel (1) Mario Bava (1) Martín Rejtman (1) Martin Scorsese (1) Mel Gibson (1) Michel Hazanavicius (1) Mick Garris (1) Mitre/Llinás (1) Montaje Szmukler (1) Musical (3) Nobuhiro Yamashita (1) Oscars 2018 (3) Paul Feig (2) Paul Verhoeven (2) Personales (7) Peter Weir (1) Philippe Garrel (1) Pixar (1) Preston Sturges (1) Puntualidades (5) Quentin Tarantino (3) Radio (6) Rainer W. Fassbinder (1) Ridley Scott (1) S. Craig Zahler (1) Series (9) Stephen King (4) Steven Soderbergh (1) Steven Spielberg (4) Takashi Miike (4) Takeshi Kitano (1) Tobe Hooper (1) True Detective (4) Vincente Minnelli (1) Wes Craven (2) Western (2) William Friedkin (1) Yasujiro Ozu (1) Yeon Sang-Ho (3)

domingo, 4 de diciembre de 2016

Train to Busan (2/2)


Segunda parte sobre Train to Busan, de Yeon Sang-Ho (2016)

Aparatos de obediencia

Hay otro patrón interesante a seguir que es el que tiene que ver con las jerarquías de obediencia. Hay por lo menos tres instancias muy claras donde se apunta a esto: la relación entre Seok-woo y su subordinado en la empresa, el jefe de la empresa ferroviaria y el empleado, y finalmente el soldado que está a punto de disparar contra las protagonistas. Esta tríada de situaciones apunta a una misma idea: en la disolución de las responsabilidades se teje una estructura absolutamente permeable al mal. Nos enteramos que la empresa tiene responsabilidad en la expansión del virus, el malvado Yong-Suk aprovecha su lugar de poder para ejercer el individualismo más acérrimo, y en la tercera instancia termina de tomar cuerpo todo el conflicto humano de la película, ya que de evitar ese disparo depende el destino de la humanidad.

De vuelta aparece un elemento tomado de The Host, la cual planteaba desde su inicio una relación de poder, y en ese caso desde un norteamericano. La inteligencia de The Host reside, en parte, en entender ese dominio y aceptación subordinada reconquistando las formas de aquel sistema de producción (cine hollywoodense, mito del héroe). La película pasaba a ser entonces un trabajo de nueva toma de riendas aprendiendo de un fracaso anterior (de los personajes y de una simbólica "entrega" del país). Aquel fracaso es aceptado como rasgo actual y presente, pero es gérmen de lo nuevo.

En Train to Busan el proceso parece más avanzado. El protagonista ya no es el muchacho de clase baja que vende comida junto al rio, sino un empresario que lo único que parece tener de coreano son sus rasgos faciales. Con lo cual podríamos decir que aquello que la película intala como "aceptado" está en otra categoría. Sería un caso de cómo el cine de géneros necesita ir actualizandose en el avance de ciertas problemáticas de aggiornamento.

Si nos referimos entonces a dos películas en las que se comienza con algo que es "entregado" o "aceptado", una cosa concreta o simplemente en el sentido cultural, vamos a encontrar que en ambas eso se hace posible gracias a sus aparatos de obediencia y disolución de responsabilidades. Entonces nadie es culpable de algo que sucede a niveles groseros, monstruosos. Ante todo pareciera haber un funcionamiento calculado. Es la idea de la tarea humana llevada a cabo por muñecos, y ya que estamos, por qué no, zombies.

Lo que afortunadamente nos saca de tener un entendimiento superficial o meramente racional de esto es el cierre de la película. En ese tercer momento, aparece la canción de Soo-an como elemento y todo se resignifica. Ya no se tiene la necesidad de demostrarnos la permeabilidad del tejido, sino que se nos pone frente al dicernimiento entre las cosas de forma concreta: reconocer la música, o más bien, reconocer en esa música lo humano. Y entender a su vez, que no pasa sólo por detectar el tejido y "oponerse a él" mostrándonos la maldad de Yong-Suk entre otras cosas, porque la canción existe o puede existir de esa manera y en ese momento gracias a lo que entre los personajes se armó como mito fundante (de la relación padre-hija). Seok-woo ya no puede "subir a ese tren", pero se transforma y a través del relato vivido se funda el hito del vínculo. Queda afuera, pero nos queda la forma de referirse a lo que sucedió: una canción que ahora sí puede ser cantada. Ahí está el gran acierto de la película. No se queda con la detección de una estructura, sino que busca hasta encontrar el núcleo en donde finalmente se tendrá que ver la diferencia, entre lo que es ser humano, o ser otra cosa en la que no deberíamos (pero podríamos) convertirnos.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...