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jueves, 14 de septiembre de 2017

La gente buena es linda


13/09/2017

Sobre Apatow y sus amigos ya se dijeron bastantes cosas. En estas comedias hay abordajes muy distintos, con enfoques variados, pero casi siempre se gira alrededor de la amistad, en muchos casos como algo finito, y siempre como algo sagrado (recordemos si no el final de This is the End, de Seth Rogen y Evan Goldberg). Con el correr de los años, las películas y las series, lo que me empieza a resultar cada vez más interesante es la manera en la que son tratados algunos personajes secundarios y cómo se organizan los universos que rodean a los principales. Una conclusión a la que llegué después de ver Love fue que Apatow tiene una predilección por la caracterización de personajes buenos. Suena un poco bobo, pero justamente por eso sentí que había algo malo pasando en Girls. Abandoné esa serie a principios de la tercera temporada al notar que en el personaje de Lena Dunham estaba apareciendo un costado cínico, acompañado de una mirada sobre el mundo hipster neoyorkino que me parecía sabionda y mentirosa.

Cuando digo personajes buenos lo digo sin racionalizarlo. La impresión que se genera es la de personajes que pueden tener conflictos, pero que siempre encuentran la salida más humana y más entendible para las situaciones. En algunos casos es inesperado por nuestra demanda de tensión. Lo extraño es que en este tipo de personajes eso se desenvuelve con naturalidad, y por eso creo que cuesta evidenciarles la construcción. Ese costado de Apatow es el más interesante porque le permite a veces tener largas pausas en el avanzar narrativo de sus películas sin que se sienta como una estructura forzada, o como un gesto deliberado de cancherismo. Aparecen largos momentos de descanso donde una conversación trivial no busca evidenciarse, sino que se muestra como una trivialidad que nos permite conocerlos.

En Love no sucede tanto con sus protagonistas porque ellos son el centro de tensión, son el conflicto, y son lo que sí sufrimos constantemente, pero sí sucede con todo el grupo de amigos de Gus. Hay en todos ellos una caracterización del conocimiento popular muy enraizado en un tipo de cinefilia. No los define algún estilo particular, sino una fuerte fe que tienen en la imagen y los relatos de las películas. Por eso en Love abundan las menciones a películas aparentemente insignificantes, que al igual que los momentos de trivialidad no piden ser así leídas sino que amplían las perspectivas de cada personaje. The Perfect Storm y Carlito's Way conviven porque ambas son parte del juego musical que los amigos inventan. En la segunda temporada, Duro de Matar se vuelve parte de un rito de confianza entre Gus y Mickey. Algo así pasaba también en Bridesmaids (producida por Apatow), en la escena que Kristen Wig se quiebra mirando la escena de Naúfrago en la que Tom Hanks pierde a la pelota Wilson. En esto también hay una línea fina entre caracterización clasista y honestidad intelectual.

Toda esta gente buena a la que me refiero pertenece siempre a grupos muy heterogéneos. Los universos del mundo Apatow gozan de heterogeneidad como si de alguna manera se estuviese intentando representar la diversidad cultural norteamericana como un elemento dado. No sólo se unen las razas sino también las clases. Tratemos de definir al grupo de amigos de los departamentos Springwood en Love y seguramente no podamos. Son distintos grupos etarios y estereotipos tan distintos entre sí que su posible convivencia los aleja inmediatamente del estereotipo. Cuando el amigo de Gus que trabaja en catering (Kevin) se les une se da una secuencia ejemplar: este se acerca a hablarle y todo indica, en la puesta, que puede darse un conflicto, pero lo finalmente se narra es que Kevin simplemente le dice que es el comienzo de una amistad. Cuando Heidi se une al grupo pareciera, por nuestra propia impresión, que dará a conflicto, pero el mismo termina dándose completamente fuera del programa del juego musical (el cual funciona de maravilla).


Tal es así que la heterogeneidad misma adquiere su jerarquía propia, y aparecen otras series (ya no de Apatow) como Master of None, que también estuve mirando, donde ya eso es la base de todo. La serie del comediante indú Aziz Ansari tiene a la heterogeneidad como centro temático en la mayoría de sus capítulos y sus tramas. Quizás el factor más interesante está en cómo logra dialogar con las generaciones anteriores (acá sus protagonistas también son todos millenials que viajan en Uber). Se nota, tanto en la serie como en sus especiales de stand-up, que Aziz busca un código melancólico para con su generación, y el mundo diversificado que lo rodea es su material. Pareciera que intenta ponerse en una especie de punto intermedio entre el cinismo de Jerry Seinfeld y la amargura de Louis CK. En Master of None entonces terminan apareciendo algunos momentos muy cuadrados por su irreverencia alla-netflix, pero algunos momentos también brillantes, como el episodio de la comida de acción de gracias en lo de Denise, o la trama de la relación amorosa con la italiana Francesca, toda una parte a la que le debemos perdonar los momentos de citas snobs a películas italianas (en el caso de Aziz, la cinefilia es más cercana a las pretensiones finas que a veces tiene Louie CK, todo lo contrario de Apatow).

Aunque a esa cinefilia se la sienta más falsa, en uno de sus capítulos más pretensiosos, donde se cuentan 3 historias separadas de minorías en una tarde y noche de la ciudad (incluyendo todo un episodio completamente mudo con una sordomuda de protagonista), aparece muy pequeño un gesto que me pareció muy lindo, y quizás no sea deliberado. Estas tres historias suceden el día en el que Aziz y sus amigos van al cine a ver el thriller del que todos hablan y, al final, después de todo el regodeo formal del capítulo, es esa la sala de cine que los reúne a todos, porque a fin de cuentas es el thriller del momento el que los atraviesa a todos por igual. Quizás los personajes de Apatow puedan desayunar en una estación de servicio mientras Aziz se toma un vino tinto con pasta italiana, pero algunas ideas en relación a la diversidad son similares.


También vi The Big Sick (Michael Showalter, 2017), producida por Apatow. Algún puente me perdí por algún lado, porque escencialmente el universo es similar al de Master of None. Su protagonista no es indú, pero anda cerca, es de Pakistán, es musulmán y es comediante de stand-up. Son muchos los puntos que coinciden. En esta película con tintes de género romántico lo más llamativo es el gran parate en el medio que se da cuando la co-protagonista queda en coma. En el medio es como si comenzara una nueva película entre Kumail y los padres de la chica. Si bien acá también tenemos muchos "temas" reflexionando sobre el lugar de los musulmanes y la diversidad (en el mayor de los conflictos que plantea la trama), se agradecen muchos de los momentos de trivialidad, y me parece que es ahí donde se hace el mayor trabajo: cuando lo que se instala en la cultura no necesita ser dicho, sino que la cultura de esa inserción es lo que termina expresándose sola, aunque lo que se digan sean trivialidades. Por eso son excelentes algunas escenas en las cenas de familia, y varios de los momentos del padre de la enferma, un personaje estilo Apatow que en su aparente debilidad revela otro costado de esa bondad mezclada con humildad que los caracteriza.

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