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jueves, 28 de septiembre de 2017

Superhéroes y monstruos


31/08/2017

Vi la última versión de Spiderman, titulada Spider-Man: Homecoming, de Jon Watts. En general no sé nada de películas de superhéroes porque me suele generar rechazo verlas. No sé bien por qué, ya que creía poder decir que puedo mirar de todo. Me pasa también con las películas de universos completamente fantásticos, de a poco ire entrando si hace falta.

Spiderman es muy agradable de ver, especialmente toda la parte de su trama juvenil escolar. Como había visto también en Ant-Man (Peyton Reed, 2015), se agradece cuando en estas películas la incursión al territorio de la comedia no se basa sólamente en el distanciamiento irónico canchero y realmente se nota respeto por el género, por la comedia, y por sus antecedentes. En Spiderman hay una subtrama en la que Martin Starr (de Freaks and Geeks) es un logradísimo profesor de escuela, y además, Michael Keaton, que es un gran villano, aparece con un papel que tampoco necesita el cinismo distanciado que se le dio en Birdman de Iñárritu (donde el superhéroe era una imposibilidad sobre la cuál sólo podíamos sentirnos superiores). Creo que la clave está en al capacidad de hacer convivir las cosas, y siempre va a ser más fácil dar los géneros por terminados para empezar a parodiarlos con aires de superioridad.

En Spiderman convive el conflicto con sus matices cómicos, pero a medida que la voy pensando noto que eso que la hacía tan amable también era consecuencia de un cierto facilismo en el tratado de las cosas. Peter Parker se ve metido en medio de la disyuntiva entre ser Spiderman o ser un chico normal que va a la escuela y que se enamora. Me parece excelente la escena en la que nos enteramos que el villano es justo el padre de su enamorada, pero al mismo tiempo la película se olvida de manejar una cuestión fundamental, y es que lamentablemente para el personaje de Peter no hay nada posible de ser perdido. En cualquiera de sus opciones no siento que haya algo que se pueda efectivamente perder (en ese supuesto proceso de maduración). El conflicto lo conocemos pero quizás por su nomenclatura, la enunciación de esa balanza, casi por nombre o indicio. Los espectadores sabemos que eso pasa, y quizás por convención, intuimos que algo se pierde en cada lugar. Pero a la hora de abandonar a la chica en el baile, si bien sabemos que Peter está eligiendo algo, el reproche de ella se diluye en otra trama, que es la del vínculo con su padre. Quizás a esta película le haya faltado incorporar lo trágico, y tal vez sea por miedo a que dañe la ligereza de la comedia con la que convive. No considero que eso sea algo para temer, el melodrama puede vivir en todos los géneros.


También vi la versión con Tom Cruise de The Mummy (Alex Kurtzman, 2017), con guión de Christopher McQuarrie (director de Jack Reacher y colaborador habitual de Tom Cruise). En las películas recientes con Tom se ve que le encontraron un lindo balance a su onda "forrito canchero" y a su inminente vejez, y eso dio como resultado algunas buenas películas de acción y comedia (sobre todo las que involucran a McQuarrie). En el caso de The Mummy esperaba lo peor, pero el resultado fue bueno. La película logra juntar exitosamente a la momia con una suerte de comedia screwball en la que el personaje de Tom Cruise básicamente se hace cargo de no haberle hablado más a una chica con la que se acostó. Mágicamente funciona, y a mí me pareció que las líneas cancheras de Tom se integran bien a la dimensión de horror que la película también tiene. Parece como si en estas películas siempre se tratase la pregunta acerca de qué tipo de hombre va a ser su héroe. Tiene un lugar del que parece no moverse, esta especie de macho inalcanzable, pero estas películas parecen conflictuar eso con el mundo que lo rodea y hasta tratar de darle algún tipo de lugar.

Una cosa un poco molesta aparece cuando la utilización del universo de los monstruos (en este caso los monstruos de la Universal) se empieza a aggiornar al estilo de los superhéroes de Marvel o DC. A mí no me molesta que en esta película también este el Dr. Jekyll como personaje, pero el problema tal vez esté en que el Dr. Jekyll de esta película esté totalmente apoyado en su intertexto y no esté el trabajo real de inclusión del personaje en el universo de la película. Me impacienta y me quita entusiasmo tener que esperar a algun tipo de spinoff del personaje (en medio de esta onda "Dark Universe" que ponen del otro lado del planeta de Universal en el logo) para que su entidad tome efectivamente cuerpo. Es cierto que ya habíamos tenido rivalidades entre monstruos y variaciones de ese tipo en el cine clásico, pero puede ser algo peligroso que nuestros tan queridos monstruos empiecen a recorrer el camino de los grupos de superhéroes que habitan 25 películas cada uno tirándose guiños unas a otras. En el caso de Jekyll, lo que termina pasando es que su malignidad está más sujeta a lo que de entrada sabemos de él como personaje clásico que a la malignidad posible de integrar al resto de la película.

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