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lunes, 16 de octubre de 2017

Explotación de fin de semana #1: Shockumentary, Cárcel y Exorcismo


16/10/2017

Con el envión que me da el recuerdo de Lo strano vizio della signora Wardh en el post anterior me puse a mirar algunas películas. Primero vi lo que sería un shockumentary, de 1981, The Killing of America (Sheldon Renan, Leonard Schrader). Funciona un poco a la manera de Faces of Death (John Alan Schwartz, 1978), el clásico compilado de morbo en material de archivo que tiene varias entregas, pero este parece buscar algo de seriedad. Su punto de partida es la preocupante escalada de violencia y asesinatos en Estados Unidos que se fue multiplicando desde el asesinato de Kennedy en 1963. Me imagino que el tipo de cifras estadísticas que la película maneja con respecto a todo lo que es matanzas masivas, asesinatos seriales, tiroteos y francotiradores se debe haber mutiplicado exponencialmente desde ese entonces. Para el narrador estilo trailer de explotación que lleva toda la película ya es algo preocupante. Lo más antiguo que recuerdo en materia de shockumentary es la italiana Mondo Cane (Paolo Cavara, Gualtiero Jacopetti, Franco Prosperi,1962). Este tipo de películas siempre cuenta con un factor pintoresco, como si alrededor de todo lo que se ve hubiera una cosa "cultural" sucediendo, una idea de descubrimiento. Esa sensación de encuentro con las cosas "fascinantes que ofrece la cultura del mundo", es siempre un poco la excusa para introducir el elemento explotativo. Lo extraño de The Killing of America es que pasa por otro lado.



Lo que hay es un constante asombro, del tipo de "cómo es posible que estas cosas sucedan". El material de archivo es impresionante, algunas entrevistas producen la fascinación de poder acceder a ellas. Sin embargo el recurso constante es el de la mayor explotación posible del material. Hasta se podría hacer una analogía de esa idea con algunos de los recursos formales, por ejemplo lo que hace con los reencuadres de fotografías. Cada instancia es una parte en la progresión dramática construida que nos lleva al dato más sórdido de todos:




Hacia el final aparece una connotación un tanto ingenua, pero que se vuelve algo entendible si la pensamos generacionalmente. La película culmina con el asesinato de John Lennon en 1980, y lo que queda es una especie de lamento hippie anti-político (con música y todo) influyendo considerablemente en el tono de la película. El arco histórico que el documental cubre va de Kennedy a Lennon, y el tipo de distancia que genera esa perspectiva hippie me hace pensar en una contradicción interesante: ese mismo lamento pacifista es el que cae en un regodeo explotativo, y el shock genera una ilusión de separación. El shock funcionaría como un llamado a cerrar las persianas, alejarnos de todo el horror. Por debajo, siempre acompañanado, hay morbo.


Después vi una película de 1974 que se llama Beyond the door (Ovidio G. Assonitis, Robert Barrett). En 1973 había salido El Exorcista y en 1968 El bebé de Rosemary. Esto sería un perfecto caso de inflación de sus temas. La diferencia es que esta es pedorra por donde se la mire, filmada completamente en piloto automático. Lo único que puede mantenernos mirando una de estas, más allá de la cosa de lo retro, está en ir recordando El exorcista mientras la miramos y darnos cuenta que aquella no era ninguna boludez. Tan solo ver que el famoso giro de la cabeza se retoma en esta película confirma que lo que se agarran son fórmulas de pequeños momentos usadas para cubrir pantallas por algun tiempo más, y de forma siniestra también banalizar lo que se ve en la anterior. La trama de esta no se entiende nada, porque está contada de una forma que no se entiende nada. El nacimiento del bebé no tiene ni implicancias, así como tampoco la posesión. Sólo se siente esa mezcla sin sabor de las otras dos películas.


Uno empieza, en medio del aburrimiento, a notar cosas que no tienen nada que ver con nada, como por ejemplo que la actriz protagonista se parece un poco a Myriam Bregman. Lo que sí está claro que una berretada como esta tiene mucho más poder para cautivar que cualquier berretada de terror pretenciosa de las que hacen ahora. Aún con todas sus fallas (esta es en sí, una falla), algunos de los efectos son atractivos por el hecho de ser artesanales, y también está la voluntad de armar escenas de miedo simplemente con cajones que se abren y muñecas siniestras con ojos brillantes.


Lo bueno de tener avidez por el cine exploitation es que cada tanto aparece alguna sorpresa, y este fin de semana me topé con Jackson County Jail (Michael Miller, 1976). Si uno mira el trailer parece una mezcla entre el estilo rape revenge y las películas de mujeres encarceladas como Women in Cages. Acá lo que habría sería una sóla heroína y lo que parece primar es lo siniestro de esa imagen del policía entrando a la celda desabrochándose el cinturón delante de la indefensa chica sexy. Mirando la película termina sucediendo que la escena de la violación es incluso menos explotativa que la de Peckinpah en Straw Dogs, y que la película es efectivamente una bastante digna. Es el caso en el que la explotación es la herramienta de mercado y la película que hay dentro es simplemente una película.

El personaje me pareció muy bueno, se la introduce en una gran primera secuencia como a una ejecutiva de una agencia de publicidad. Están revisando un anuncio sobre toallitas donde aparece una chica paseando sugestivamente a caballo. En esa escena se da una discusión interesante. El superior se queja de que la publicidad es demasiado femenina. Ella argumenta que, naturalmente, se trata de una publicidad de toallitas. Pero el tipo le contesta que además es muy sexual. Si bien a los espectadores se nos pone del lado de ella, es cierto que hay un factor de explotación en la propia publicidad que ella no estaría contemplando. Este factor es el de la cosificación de cuerpo femenino, aunque se disfrace de una identificación con lo femenino. Para la protagonista, entre otras cosas, será uno de los elementos con los que luchará en esa celda donde la recluyen más adelante. Además, el marido la caga. En la escena siguiente la vemos llegar a su casa y descubrirlo en el acto. Es un momento que claramente vio Brian De Palma antes de filmar la escena de Body Double en la que Jake vuelve, también fracasado, de su rodaje para encontrar que su mujer lo caga. Luego de esto, la película.


El personaje del preso interpretado por un jovencísimo Tommy Lee Jones la va acompañando y también está bastante bien armado. Termina ocupando el lugar del intermediario que no tiene nada que perder, una fuerza masculina que acompaña pero que no llega hasta el final. La heroína sale ilesa, el universo se reordena, pero la violación queda por debajo, secreta, inquietando, y volviendo a la película una cosa satisfactoriamente incómoda.

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