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sábado, 25 de noviembre de 2017

Mar del Plata #2: Viernes 24


24/11/2017

Sobre El Azote, A Taxi Driver, The First Lap y Body Double

La historia real de un asistente social en la zona más marginal de Bariloche nos agarró bien temprano para empezar el día en El Azote de José Celestino Campusano. Estoy empezando a notar que tiene un giro hacia contar "temas" como idea principal y no me esta gustando mucho. Me parece que la diferencia con respecto a otras de sus películas (en las que también siempre podemos encontrar tematizaciones de diversas situaciones sociales) está más en una cuestión de relato. Campusano tiende a privilegiar el argumento, o al menos a partir desde simples lógicas argumentales para hacer avanzar sus películas. Teniendo eso como punto de partida sus películas pueden o tener una lógica de clausura (donde la historia "cierra" y conflicto termina) o servir de puntapié para una reflexión posterior. Este segundo caso es el que me parece más problemático, porque ahí es donde empiezo a sentir que lo que me está contando es funcional al armado de un discurso que no necesariamente es cinematográfico, sino más bien un desarrollo de ideas ilustradas con respecto a una problemática social. El final del Azote es ejemplar en ese sentido, porque hasta termina pareciendo un cliffhanger de serie, donde se consolida un conflicto y se abre a una posterior resolución que, en este caso al ser cine, es la famosa "pelota para el espectador", que puede funcionar como gesto interesante cuando las cosas se determinan, o también como forma de escapar de tener que resolver algo en la película. De todas maneras la película tiene ese toque del cine de Campusano que nadie más puede replicar. Si antes decía que las películas tienen el argumento como punto de partida, creo que aún así lo más evidente e interesante de su cine es la forma de trabajo, esa propuesta de cine federal a la que siempre hace referencia en el micrófono que se nota en la diversidad de modos de encarar cada situación: el modo siempre es el que cada película necesita, con las posibilidades que cada equipo tiene.


Despues de almorzar vimos A Taxi Driver de Hun Jang, otra de la sección "Corea: país invitado de honor" que tenía muchas ganas de ver, principalmente por la presencia del gran Song Kang-ho (The Host, Memories of Murder). Se trata de una superproducción con una pequeña historia de vínculo compromiso político en el contexto de un levantamiento social en la ciudad de Gwangju en mayo de 1980, durante gobierno militar posterior al asesinato del presidente Park en 1979. Ante la duda, la película podría ser genial o una porquería hiperespectacularizada que se deja ver. Afortunadamente resultó ser muy buena, y la función que arrancó a eso de las 16hs generó, a la salida del cine, un duro choque con la luz del día en las puertas del Ambassador. La película era muy intensa y repleta de momentos pesados. Hay algo en este tipo de producciones coreanas que es bastante inusual (o que ya se está perdiendo) en Hollywood, y es el amplísimo rango emocional que son capaces de incorporar. A Taxi Driver arranca con situaciones de comedia hilarantes y pasa luego a momentos de horror puro y tragedia, y se permite ir y volver, volviéndonos partícipes a nosotros. Cualquiera de estos tanques coreanos es como una montaña rusa de intensidad dramática de la que se sale con una especie de jetlag.

Tiene una cercanía temática y formal con varias películas del nuevo cine coreano. Hace un tiempo acá en el blog me refería al tiempo y a los túneles como una metáfora constante. A Taxi Driver arranca llevándonos a 1980 mientras el taxi de Song sale de la oscuridad de un túnel al igual que proceden los trenes de Peppermint Candy (Lee Chang-dong). Hacia el final cobraría aún más sentido cuando la película nos ubique inesperadamente en el año 2003, acercándola tambien a una tensión temporal entre dos momentos de la historia. La diferencia con la propuesta de una película como Peppermint... que busca una relación más explícita con la materia política de la cuestión en la dictadura, es que esta otra se amolda a la simpleza (que aveces casi roza la banalización) de la dualidad gendarmería/pueblo. Esto puede molestarnos si le demandamos precisión política a la representación de los hechos históricos, pero se vuelve interesante cuando vemos que la película encara todo desde la perspectiva del taxista. De vuelta tenemos un triunfo de construcción de personaje, donde la tensión entre lo individual en relación a lo colectivo no puede leerse lineal y panfletariamente, sino como visión de mundo. Más adelante seguro me voy a meter más en detalle con esta película.


Sobre The First Lap, la película surcoreana íntegramente producida por el festival de Jeonju que está en competencia, tengo muy poco para decir. Cuando salimos del cine algunos llegamos a la conclusión que esta película era un "Ok". Es una pequeña historia con una propuesta formal que le es acorde y le funciona, que nos involucra durante sus 100 minutos, que tiene sus afinidades claras en la cercanía a cierto cine independiente surcoreano, pero que nunca empieza a volar. La historia es de una pareja joven que transita una especie de camino hacia la adultez. Ella quizás este embarazada, hay un evatest, una visita a los padres de ella, una visita a los padres de él, todo en una propuesta formal de 1 escena 1 plano, que recuerda a algunas imágenes del cine de Hong Sang-soo. Pero es eso, es más a sus imágenes que a lo que pasa con ellas. Por eso ese "ok" más que una confirmación de cumplimiento termina siendo en realidad su lado más peyorativo, acercándose más al "ok" que uno le dice por chat a alguien cuando no tiene tantas ganas de hablar.


Nunca vi, hasta hoy, una película de Brian de Palma en el cine. Por eso la de hoy fue una noche memorable y Doble de Cuerpo sigue siendo para mí una de sus mejores películas, lo cual la pone inmediatamente dentro de la lista chica de lo mejor de la historia del cine. No hay nada que pueda decir que sea adaptable a una simple crónica sobre esta película. Por lo pronto quizás decir que sucedió algo esperable en la sala, que fue detectar constantemente cierto consumo irónico en el público para los momentos más "ochentosos" de la película. Más que bronca me generaban una ligera depresión, porque suele pasar que los comentarios durante la proyección terminan hablando de qué es lo que se está mirando de la película. Pero no quiero ponerme en ese lugar de solemnidad y reclamos así que en lo que respecta a eso me voy a detener acá, y simplemente voy a mencionar que el climax adentro del pozo se me confirmó como una de las escenas más pesadillezcas de la historia del cine.

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