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lunes, 19 de marzo de 2018

Libertades con la libertad de prensa


19/03/2018

Sobre The Post (Steven Spielberg, 2017)

Recuerdo una secuencia central en Lincoln (Steven Spielberg, 2012) en la que se llevaba a cabo un proceso de votación. Con el acompañamiento musical de John Williams veíamos, en planos cercanos y detalles, todos los elementos que hacen al funcionamiento de la democracia (montado a la manera de un proceso), y con ella a la abolición de la esclavitud. Por la película y toda su construcción previa resultaba casi imposible distanciarse de la potente belleza de la secuencia.

Recuerdo también una escena de Django Unchained de Quentin Tarantino, del mismo año, en la que la firma de los papeles de la compra del Dr. King Schultz prometía, por el momento, ser la liberación definitiva de la esclava Broomhilda. La secuencia era muy similar pero con un fuerte elemento distanciador. La música (Para Elisa de Beethoven) era en este caso diegética, interna a la escena, tocada en el arpa por una de las sirvientas de la casa. Contraponiéndose a la belleza y precisión de la escritura y sellado del sobre (un proceso también filmado en planos detalle) aparecía el grito desesperado de Schultz, que desnudaba la naturaleza horrosa del hecho: la liberación de los esclavos era en realidad una adquisición para su propiedad, oír esa bella música mientras se llevaba a cabo ese acto era abyecto e intolerable para él. Entre las dos secuencias hay una diferencia de perspectiva: en la primera nos involucramos de una forma unidireccional, y en la segunda, entramos para salir.

De todas formas, Lincoln hacía una esfuerzo a lo largo del metraje por presentar el lado más político del presidente, y la abolición de la esclavitud no era presentada sólamente como un hecho revolucionario aislado, sino como consecuencia y parte también de maniobras políticas y rosca. Pareciera que la voluntad de Spielberg pasa por una noción sencilla: como resultado de determinados procesos, se obtiene tal cosa, llamémosle abolición o libertad. Y esta abolición o esta libertad es bella en sí misma, por lo que su representación debe también serlo. Si bien la forma de encararlo es diferente a la de Tarantino, Spielberg no parece querer incorporar a esta representación -a la que se ha llegado gracias las peripecias narrativas del film- su costado oculto y secreto. Es algo curioso, porque si bien el secreto forma parte del film, se llega a un punto donde el establecimiento del resultado lo veda.


El caso más ilustrativo de esta constante en Spielberg está en Jurassic Park, donde toda la crítica a los procedimientos de la genética brilla durante la primera mitad y se ausenta por completo hacia el final, cuando el Tiranosaurio digital ya percibido como real, ya naturalizado por la puesta en escena, se vuelve un factor necesario para la salvación de los personajes. Sumando a esto, claro, el epílogo con las aves digitales volando en armonía junto al helicóptero.

"No, señor. Esto es el Oeste. Cuando la leyenda se vuelve hecho, se imprime la leyenda" decía el periodista de El hombre que mató a Liberty Valance que, en el film de Ford, tenía toda la razón. Spielberg, que se declara fordiano, parece querer tener el rol del que imprime, pero a la vez con una potente fe en las bases del liberalismo, algo que es absolutamente contrario a toda propuesta de John Ford.

En The Post el tema ya no pasa por los derechos civiles sino por la libertad de prensa. Tiene una estructura similar a Lincoln pero una serie de problemas mayores. Lo que estos personajes imprimen son los hechos, pero en un mundo que no tiene ya lugar para la leyenda, porque la idea incuestionable que viene de la mano con la libertad de prensa es la de que, donde la hay, entonces hay lugar para la verdad. Lo que quizás nadie discute en este relato es un posible lugar un tanto más oscuro, donde podemos preguntarnos si la libertad de prensa es algo con lo que podemos "tomarnos libertades". Es el liberalismo es el que se toma libertades con la libertad de prensa, y que es capaz de jactarse de la verdad a gusto.


El reverso spielbergiano del pensamiento de Ford trae como consecuencia una verdad que es fenomenológica, material, estadística, totalmente contraria a la Verdad del mito. Y es en su carácter de hecho aislado (y también bello en sí mismo) lo que lo vuelve un elemento manipulable. La virtud de la verdad puede variar en el tiempo y la historia, y ese es un dato clave en un contexto histórico donde el pensamiento tecnocrático hace de la "data" algo casi sagrado.

Aún así, poniendo al film bajo la lupa, también podemos notar cuáles son los elementos que terminan quedando bajo la alfombra. Los editores del Washington Post comienzan a moverse inspirados por una idea de verdad y de bien, pero siempre a partir de la "aparición" de unos documentos. Esos documentos fueron robados, como bien se ve en la apertura del relato en una secuencia rica por su construcción de sentido. El corresponsal se detiene junto a los guardias de seguridad haciéndonos sentir una suerte de remordimiento: esto está sucediendo.

Spielberg parece obligado a aceptar que en el fundamento de la empresa del Post hay una parte secreta, como si el robo de los documentos fuera el famoso "tiro en la noche" de John Wayne. Pero finalmente termina siendo similar a Lincoln y a su partido de ajedrez político, cuya presencia en el film es justa, pero en tanto presencia factual, no como valoración.


The Post cierra con otra bella secuencia musicalizada por John Williams, donde vemos los precisos detalles de la impresión, los diarios saliendo de la imprenta, y los trabajadores que se encargan de las tareas más minúsculas en medio de los engranajes de la produccion de las páginas. Hacia el último plano, las máquinas hacen ascender a los diarios como en ejes verticales, como si se elevaran al cielo. Una misma secuencia puede ser valorada de forma distinta si se pone al principio o al final de una película. Spielberg, que elige resolver la suya con este elogio práctico, termina haciendo exactamente lo contrario a la secuencia de apertura de En la boca del miedo, que es intensa, musical, unidireccional e igual de detallista, pero que es el comienzo de algo que luego será crítico.

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