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domingo, 13 de mayo de 2018

20 BAFICI #5: Abel Ferrara, Philippe Garrel y las chicas jóvenes


13/05/2018

Sobre Alive in FranceAmantes por un día

Hacía mucho que no miraba algo de Abel Ferrara. Tengo buenos recuerdos de King in New York, pero sé que si vuelvo a ver Bad Lieutenant va a tener cosas que no me van a gustar. Ferrara tiene un temperamento histriónico que se traspasa a sus películas, y algo de eso le da buenos resultados. Después, cuando intenta buscar una cierta seriedad, suele caer en iconografías demasiado declaradas. Pienso ahora en las secuencias de Harvey Keitel rodeado de santos en una iglesia o las pesadillas de The Driller Killer.

Alive in France es documental, y es en Europa, donde parece que vive junto a su esposa que tiene la mitad de su edad y su bebé. Las formas de Ferrara (de hablar, de caminar, de comportarse en grupo) se parecen mucho a sus películas. Camina siempre liderando, lanzado hacia las cosas, como con un deseo por el vivir que se pone en práctica con la insistencia de un adicto. En este caso asistimos a un tour, donde junto a una banda de músicos se tocarán canciones de sus películas (en la mayoría de los casos nuevas canciones, inventadas, como el tema que lleva "I'm a Bad Lieutenant" como estribillo rockero).


El grupo que se arma se empieza a parecer una familia, aún en medio de todo el caos que implica la organización junto a un tipo como Ferrara. Y así, en cada canción que se toca empezamos a sentir un humor agradable, donde sin ironía se canta sobre películas que son tan amadas como propias, y hasta aparece un homenaje a Dee Dee Ramone.

Nada de esto nos aleja de la idea de que Alive in France es también una especie de auto-homenaje. Ferrara es siempre el centro de todo, y la música celebra a sus películas. Pero en ningún momento hay un delirio de grandeza, sino mas bien puro disfrute por parte de los participantes y que, por momentos, se agradece que sea contagioso.

Parte del show también consiste en que Ferrara exhiba a su joven esposa, que va dejando sus huellas por la película como una Go-go dancer, bailando y haciendo coros junto a él. Y eso me recuerda a que estaba por referirme a la última película de Philippe Garrel, Amantes por un día. No tienen mucho que ver en apariencia, pero se trata del tipo de películas que me hacen pensar en los mambos de los directores viejos con las chicas jóvenes.



Garrel pone de protagonista a su hija, Esther Garrel (Jeanne). Al personaje le da un padre, un profesor universitario, intelectual. Y a ese padre le da también una novia/amante que tiene la misma edad que la hija (Ariane). La película parte de una ruptura amorosa, y tanto el argumento como su forma la acercan a ese llamado cine post-nouvelle vague, donde esa estética regresa como un fantasma del pasado que parece resistirse a morir, a ser superado.

No quiero determe en esa parte porque terminó resultándome más inquietante y misterioso todo lo que hay detrás de la premisa. Me refiero al fuera de campo constante que genera la presencia de la hija-hija (Jeanne) en la película, como si este pudiera ser desdoblado en dos, y se recurriera al personaje de la hija-amante (Ariane, que es algo expresado, pero que dicho sería "polémico") para generar un diálogo y avanzar en el estado de estos personajes.

Jeanne es una, Ariane es otra, pero esto es cine, por eso comparamos, relacionamos, y sacamos conclusiones, porque la puesta en escena no miente. Es visible en la película que Ariane toma forma por todo lo que tiene Jeanne que puede ser sexual para su padre, tal vez todo lo que hay que extraerle de sexual a Jeanne ¿para no tener que verla como a un ser sexual? Suena a una cosa hiperracionalizada y psicoanalítica, pero es bastante directo también cuando se lo ve sin palabrerías.


Y si lo pensamos en el contexto de esa nouvelle vague tardía, tal vez tenga todo más sentido aún. Con la ayuda del blanco y negro y la moda retro actual, aunque sean 50 años más tarde, mayo del 68 está, en su parodia, vivo. El blanco y negro y lo retro aportan entonces por el lado del estilo, que es formal y se ve en planos, pero también se traslada a los personajes y figuras concebidas por el film. En este caso: las figuras atractivas de las chicas liberales del 60.

Finalmente, mucho de todo esto también pasa entonces por una nostalgia estética. Se ve que la nostalgia continúa con el correr de los años, a punto tal que ahora genera algunos nuevos dilemas para hacerse cargo. En Garrel sigue siendo todo gris, en el medio, o mediado, desplazado. En Ferrara ni siquiera hay nostalgia, tal vez un regodeo más insolente, pero vivo.

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